Aquel que ha despertado de la gárgara se tiene a si mismo
delante y se presiente como vida aquello que escupió.
Deletrea de nuevo la farándula y el gusto por la seria
empresa de la tumba.
No hay decisiones apretadas que se envuelvan de miedos,
pero sé también que en la yema de mis dedos están escritos
tus días en mí…..
que en la mitad, justo en medio del campo de la batalla hay
cientos de gritos aplaudiendo
y desempuñando sus espadas
camino con la fuerza de esos gritos sin mirar quienes son,
pero son los gritos que un día acallé,
son los gritos de tus recuerdos,
son los gritos de triadas y de enviados que un día me
obligaron a recordarme,
corro porque no existe otro pulso en mis huesos,
corro porque no hay tregua en la batalla de la pausa,
corro porque después de tanto sacudir mi equipaje no me
queda más peso que el del escudo,
corro desnuda con el único impulso de saber que el Eterno
me conoce.

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