Acabar con la tendencia,
salpicar de agua la
tierra,
sortear despacio pero
contundente el cosmos.
Girar como si fuera la
única esperanza y llover palabras a modo de escarnio,
gotearme del prensado
hasta la voz ,
golpear lo agrio .
Servir como un ocaso a
todo el que desde su vida hace una distracción ,
alisar mi corazón para
dejarlo plano y deslizable.
Redondear el dedo y
acariciar la palma del zapato,
después, caminar sin
preámbulos ni condiciones ,
despistando al juicio con
la máscara de un silbido balsámico.
Préstame una respiración
constante, alivia el tic tac, consígueme un día.
Abrázame en la totalidad
del papiro.
Y así , se consigue mitificar el gruñido, para
salvar el susurro de su intermitente oído.
Capaces de volver,
volver a ser capaces.
Columpiarse en el
desahogo de un poema fragmentado de semanas .
Sostenerme
en
el
hilo
de
un
cactus
que
resguarda
el agua
del
desierto.
Sóplame
con el
pico
de una cigüeña
y verás
como
hago ásporas
del miedo,
y semillas que cabalguen
hacia la almohada del latido.

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