sucedáneos, silbidos tan fuertes que entre los dientes siento como salen carreteras…
Bufar las alas como si tuvieran tantas cuerdas que se ataran a una reja,
roerlas, con un pico que se sabe tieso pero que cumple con el cometido de robar pasos aunque sea como intentos, siempre intentos.
Valorar la rabia como la sobredosis de un sentimiento cumplidor del aire,
no roncar, sin haberse conocido amor que no compre a interés un abrazo.
Rozar tantos pétalos como escarcha,
y en el picor de la lucha, aunque no sepa nombre mirar de nuevo el árbol que balance el soplido...
que mire al ojo y al labio
que no deje pasar días sin escalar la piel
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