A veces necesito hacer
memoria,
hacerte desde el calor de
un pulso el desdibujado del recuerdo.
Se apilan contagiadas las
imágenes ,
desean levitar sin que
puedan ser escogidas.
A trompicones, me saturan
las entrañas
Donde a la milésima se
hacen prensados los sueños,
donde la aurora que
recreo consigue fraguarme,
y despacio me acuna en el
aire.
Me destiño
hacia el silvido eterno
y como si no tuviera la
voluntad de torcer la cara
corro, corro sin descanso,
a la llaga donde ser zabullido
no es erróneo.
La acidez se hace dulce
con el tiempo,
para convertir en un
silencio las canchas que no jugamos,
las preguntas que
simplemente no fueron resueltas,
y el coraje que se
alimenta cada vez más .
Me socorre y me dice que
desde siempre se ha guardado una partícula.
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