ya es,
ultrajar el hielo se dispara como la única salida a tu última garantía,
todos los cuerpos que recojas serán carpetas que se secuestran a si mismas,
todas las razones que vociferes serán como selfies incómodos con un filtro hiriendo el recuerdo real,
cuanto más te apresures más te tramaras en las yemas del teatro,
y me cuajo como un gourmet deseoso de volver a sentir la pesadilla,
cuando me recuerdo en una de las caras sale ella dispuesta a girármela,
devota de sus presencias, gesticula inútil la parábola,
gracias por ser despistada, me augura y justo en ese instante me devuelve la sonrisa y el sueño.
Soy un caracol vulnerable y cascaroso lleno de caspas y costras, llena de crueldades y belleza.
Me han dejado desnuda pero fui yo la que en ropa interior se auto-destruyó en los senos de un péndulo donde el Dios que más admiro se ha columpiado conmigo y sonríe sin descanso tanto, que me asusta verle como me ve y no me corrije , deseo volver a descuidarme, pero he deletreado su nombre tantas y tantas veces que se hace real la silueta y el suspiro es el preludio a comer la migraña en uno de tus paseos...
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