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Hay pugnas que sobran.
Dé siempre un suspiro como cuota.
Dé siempre un suspiro como cuota.
Y en las excusas de sobrar despacio
la mochila da piedras.
No estás dispuesta a continuar librando cuevas,
tampoco lo estabas antes de saber que morirías.
La geografía de tu caricia es siempre volver del aire tu huella,
has casado las memorias en perdones ilusorios , que hacen del rincón el rencor
y de la rutina la ansiedad prohibida.
Volví sabiéndolo,
para recoger con el arisco de mis uñas cada una de tus instantáneas, las he roto en trocitos tan pequeños que sólo me ha quedado mi mano despidiendo al papel
y al tiempo.
la mochila da piedras.
No estás dispuesta a continuar librando cuevas,
tampoco lo estabas antes de saber que morirías.
La geografía de tu caricia es siempre volver del aire tu huella,
has casado las memorias en perdones ilusorios , que hacen del rincón el rencor
y de la rutina la ansiedad prohibida.
Volví sabiéndolo,
para recoger con el arisco de mis uñas cada una de tus instantáneas, las he roto en trocitos tan pequeños que sólo me ha quedado mi mano despidiendo al papel
y al tiempo.
Las letras se retuercen y vuelven al caracol como una silueta de caricatura,
como un pedazo de pan esperando en el suelo ser pisado,
para sentir como se cruje en el agujero del pie.
como un pedazo de pan esperando en el suelo ser pisado,
para sentir como se cruje en el agujero del pie.
No es compasión el auto-engaño y en tu risa lejana donde conviertes tus sueños en escaparates, me veo dispuesta a lanzarte un bostezo que atribuya todo lo que guardé para no vomitar cansancios.
Después de tantear has hecho que el desierto sea fértil
Y contagié mi sed en el grifo inerte del sueño.
Y contagié mi sed en el grifo inerte del sueño.
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