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martes, 24 de diciembre de 2013

Inherente en la ventisca,
 ella se deja caer...
Hace del desmayo su danza,
Del cansancio la sintonía de vociferar a destajos la aurora
No hay de menos ni extraños,
 no hay barcos que naufraguen más que el amor despiadado...
No hay excusas, 
se abaraten la inercia del olvido, la rabia, el perdón y el deseo
Se han conjugado sin prisas las palabras tras de ti, sólo queda un silencio de mortuorio,
las imágenes socorridas y la sensación de fracaso.
Gélida son los huéspedes de mis hoteles
Basta con volver a creer me digo a mi misma,
basta con soñar despierta,
basta con volar si quiera un poco más y ya casi siento algo de aire entre mis dedos
Pero pesan tanto las gargantas que hicieron estalactitas en la cubierta de mi paraguas...
Suéltalas
desiste

Inherente es la ventisca y al caer
desmayada de cansancios veo como mi cuerpo se evapora y se sitúa justo enfrente de ese parque donde los bancos de piedra se dijeron adiós con el resentimiento de haber hipotecado, besos, tiempo y sueños…

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