Hay tres pasos antes de llegar a la orilla
Hay demasiadas latitudes antes de poder besar la lacia lente que he cultivado a destajos bajo la ausencia de la espuma.
Hay demasiadas excusas que se entrecortan creando himnos que organizan el pensamiento del viento.
Hay decididas pausas que me impiden empujarme a espaldas y sobrecogerme al derechas.
Ven seguidamente cerca, en aquel lugar donde miraste de reojo al silencio y conseguiste acallarme
Recíbeme con la ventilación que se sacude redonda por mi espalda y se encauza justo a tiempo de tu adiós.
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Tengo el corazón esculpiéndose mientras el silbido se silencia como la latosa sierva del peligro muerto.
Quiero un viernes tenue donde la canela se interponga entre mis labios y me haga olvidar la losa de tu silencio evidente.
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Estamos empanados... rebozados... almodados, endiablados de desdén y diásporas deliciosas que despiden una a una dardos delicatessen de duendes
hemos declarado un himno que evita las excusas con simple costumbre.
Arráncame el cuerpo que me escupe
la piel que me entierra
la rojez que secuestra mi alma derritiéndola de vejez prematura.
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.La duda es dubitativa de la despensa diaria del delirio,
de la diáspora, hace diana cuando desliza cada uno de sus dientes
por el drenaje que se entre-corta en el dilema
y por fin defiende sus existencia dudando de ella misma...
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Hoy he sintonizado mi grito con la rectangular silueta del pasadizo
Cuando he querido darme cuenta has secuestrado mi sonido rebotándolo
Y entonces yo lo he cazado al vuelo abriendo la puerta y dejándolo partir con la única esperanza de hacerte retardar en tu llegada.
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