
No me convence tu intrépida y suave dádiva en el camino de un cambio, se hace el corte
y su traspunte se deja casi desnudo,
Ensimismado.
Vengo como un cordón umbilical sin dueña
Sin presa, sin tan siquiera espalda.
Donde recostar, se hace sitio
y
donde volver, se hace inevitable.
No me convence tu intrépida dádiva reembolsada y carente de generosidad.
No me sitúo demasiado cerca de la lengua , no por miedo a su liturgia sino a la simple caricia de su hedor cobarde, que se embriaga entre las voces y se entrevista una y otra vez la carencia de mentiras sensatas y resquicios crujientes.
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