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jueves, 17 de junio de 2010





Esto es como cuando el lápiz aún afilado

se deja seducir por el folio viejo.

Por el color prieto,

por la sonrisa floja,

y el sentir del niño.


La ternura de oído

el dedo que no señala,

la sonrisa que no es doble,

la palabra que no retumba, sólo permanece.

Casi quieta

pero no aterrada.


Léeme si me dejas

léeme si te dejo,

Ven, siempre que puedas

Y arráncame la humanidad,

Y la lacra.


Ven y préstame tu aliento

comparte mis huesos.

Recubre mis ojos

de la cera de tu candil


Se mi Dios

se mi suerte

se mi sueño.


Se mi ser

se mi espíritu

Se mis alas.


Reten mi alma comparte el duelo y luego...

Luego llévame en el lomo del aire

en la cubierta de tu hogar.

¡Mírame como caigo!

¡Mírame como lamo la costra de mis deudas!

Y luego como abrazo la tierra fértil de tu luz.


Te hago venir

y te echo.

Soy el tropiezo de la tercera piedra

la mujer que no se deja.

Y la mujer que se deja todo en un retazo

en un despiste

en un orgullo.


Voltea mi puerta

resuena en las huellas,

quebranta el tuétano,

el flujo del cuerpo,

la mirada del hueso,

la sangre del lento.


Voltea mi puerta

Búscame y yo hallare

Tu sueño.

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