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domingo, 16 de mayo de 2010


Rechazó la cremallera

mientras la maleta encerrada

robaba las pepitas de calabaza.

Y el letargo se dejaba la huella:

entre los bolsillos

y el escaparate,

entre los huecos y el vacío.

La maleta encerrada

volvía del aeropuerto al taxi

del taxi al aeropuerto

pero nunca.... al hogar.

(Inmigración)

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